- A pesar de su impacto mediático, esta región no es la más impactada por el fuego y tampoco está asociada a transformaciones para usos productivos.
- Algunos ecosistemas patagónicos necesitan las llamas para lograr un equilibrio y permitir la supervivencia de ciertas especies.
Los últimos incendios que fueron noticia nacional el verano pasado ocurrieron en la Patagonia. Sin embargo, a pesar del impacto mediático de estos sucesos, el análisis de Ruido detectó que las provincias de esta región tienen los porcentajes más bajos de cambio de uso de suelo asociado al fuego.
Las cinco provincias patagónicas suman 532 mil hectáreas afectadas por el fuego, mientras que sólo Santiago del Estero tuvo más de tres millones de hectáreas quemadas. En Patagonia sólo 1,65% del área natural quemada se transformó en áreas productivas.
Guillermo Defossé, profesor emérito de la Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco y director del doctorado en Ecología y Gestión de Fuegos, recuerda que el último incendio ocurrido en el Parque Nacional los Alerces fue provocado por un rayo.
“También lo causan las personas por negligencia. Pero, en general, en la Patagonia no se utiliza el fuego con la intención de hacer un cambio de uso de suelo”, asegura.
Y agrega: «Los empresarios no son tontos. De nada les sirve tener un predio quemado. No pueden construir ni cultivar nada. Es un mito que se creó para señalar a algún enemigo”.
El especialista entiende el sentimiento que provoca en la gente ver quemarse un bosque, pero asegura que el fuego ha formado parte de los ecosistemas patagónicos desde antes de que fueran poblados por los primeros humanos. “El bosque andino tiene incorporado al fuego en su estructura y su dinámica”, sostiene.
Y señala que ahora el problema es que hay más personas viviendo cerca de esos bosques. Esto es un doble problema: riesgo de que haya más incendios por acción humana, y riesgo de que el fuego afecte a las personas y a su infraestructura.
Defossé señala que en la Patagonia se ha demostrado que el fuego puede ser un aliado de la flora y fauna porque funciona como disturbio ecológico natural indispensable para la renovación de los ecosistemas y el regreso de especies animales clave.
El huemul, un ciervo insignia de la región, encuentra en las zonas previamente quemadas un hábitat ideal. Según Defossé, el fuego rompe la densidad del bosque, creando lo que se conoce como «abras» o claros. Estos espacios no sólo permiten al huemul desplazarse con mayor facilidad, sino que también mejoran su visibilidad para detectar depredadores.
Un fenómeno similar ocurre en la provincia de Buenos Aires con el Venado de las Pampas. Manuel Jaramillo, director general de la Fundación Vida Silvestre, recuerda que en el Parque Nacional Campos del Tuyú se utilizaba el fuego de forma controlada para mantener el pastizal pampeano.
Sin la intervención de las llamas, el ambiente se transforma en un pajonal impenetrable que el venado no puede consumir. Esto provocaba que el venado no habitara el parque creado justamente para protegerlo.
La ciencia internacional respalda esta visión. Defossé comenta el caso del Parque Nacional Yellowstone (EE. UU.), donde la supresión total del fuego durante décadas provocó que el bosque se volviera tan denso que los ciervos de cola blanca quedaran atrapados, convirtiéndose en presa fácil para los pumas. Además, la reintroducción de quemas permitió la creación de troncos secos en pie, que son el sitio preferido para que aniden los pájaros carpinteros.
Tanto Defossé como Jaramillo coinciden en que el problema no es el fuego en sí, sino la acumulación de biomasa (combustible) y la falta de gestión. “Por supuesto que hay que proteger a la población y sus bienes. Pero cuando somos muy eficientes apagando los incendios, acumulamos más biomasa. Entonces, el próximo incendio, sea del origen que sea, va a ser catastrófico», explica Defossé.
Jaramillo asegura que la ecología del fuego está muy bien estudiada y que los fuegos preventivos son una herramienta. “Pero esta visión no está tan presente en los equipos técnicos de los gobiernos, que a veces tampoco tienen la capacidad de controlar», comenta.
Autor: Lucas Viano
Imagen: Bosque patagónico quemado (Gentileza INTA)
