Aunque nunca fue de las cosas dulces, esa noche Ana no quiso compartir la torta helada. Era septiembre de 2025, en el cumpleaños de su papá, cuando decidió comerse la última porción sin ofrecerla al resto.
Se quedó pensando en ese antojo y lo relacionó con un llamativo atraso en su ciclo: en sus períodos ella siempre fue un reloj. Aunque eran muy pocas las posibilidades, tenía 38 años y apenas si había tenido un desliz con su pareja, se compró un test de embarazo.
Vio las dos rayas que le marcaban el resultado positivo. Hacía un mes que había dejado de consumir.
Ana tiene hoy 39 años, vive en Córdoba (Argentina) y quiere contar su historia. Llevó casi 20 años vinculada a las drogas, a “amigos” que no le escribían para preguntarle cómo estaba sino para pedirle el contacto de un dealer.
Quiere contar cómo logró salir, después de un largo peregrinar por intentos frustrados. “Quería volver a trabajar y sentir cosas lindas adentro mío de nuevo. Había pasado años sintiendo una enorme tristeza por causa del consumo”, contó a Ruido.
Tocar fondo
A los 35 fue diagnosticada con hipertensión, en parte por su herencia familiar, en parte por la cocaína. Se sabe que esa sustancia provoca varios efectos en las arterias coronarias y Ana tuvo que ser medicada de por vida.
“Ese diagnóstico fue un gran susto que me duró relativamente poco. Yo estaba en pareja con un músico, con la misma gente, con el mismo entorno y entonces volví al consumo incluso para soportar las largas noches. Yo era DJ en ese momento, tengo mis discos de vinilo. Era mucha música, mucha noche. Estaba muy involucrada en eso y rápidamente volví”.
Dar con el terapeuta adecuado fue como encontrar una aguja en un pajar. Probó con varios: un psicólogo que solo le daba tips, un psiquiatra que le recetó una medicación que le hizo mal. Logró cortar con su novio, después de 13 años de relación.
“En julio de 2025 pido una licencia psiquiátrica en el trabajo. Me quedaba dormida y me la estaba mandando mucho. Iba del trabajo a mi casa y me encerraba para consumir.
Poder recuperarse para volver al trabajo fue el motor que la impulsó a retomar la búsqueda con un profesional adecuado, además de la imperiosa necesidad de volver a sentir bienestar.
Se mudó a la casa de su papá, quien se convirtió en su pilar.
Con un tratamiento mixto entre una reconocida psiquiatra de Córdoba y la red pública de adicciones que funciona en el hospital San Roque pudo dejar de consumir en agosto de 2025.
Al mes siguiente se enteró que estaba embarazada, le contó a su pareja y pasó meses de felicidad desbordante.
Por su trabajo y por conocidos, Ana se encontró con muchos niños que nacieron de parejas consumidoras. “Lo gravísimo es que vos, estando embarazada, podés darle a tu bebé una enfermedad crónica, una malformación o secuelas. Una cosa es consumir cosas que tu cuerpo se puede bancar y otra es sumárselas a alguien que no tiene nada que ver”.

Un sello en el carné
Ana tuvo a su beba en una clínica privada de la ciudad de Córdoba. Se mudó con su pareja, quien también dejó de consumir.
Aunque iba a los controles prenatales, nunca nadie le había consultado antes sobre su pasado con las drogas. Hasta que llegó el momento del parto y una enfermera entró a los gritos preguntando si ella consumía. “Le dije que no, que me sacaran muestras de sangre si querían. Me pareció muy violenta la forma. Me sentí muy mal”.
Cuando nació la bebé, en el carné de recién nacido, varias páginas consignan el “diagnóstico F19”, que es como se codifica a los trastornos mentales ocasionados por el consumo de sustancias.
“Siempre conté sobre mis antecedentes para proteger a la bebé, sobre todo por mi hipertensión. Hubiera preferido que esos datos quedaran en la historia clínica y no en el papel que nos va a quedar de recuerdo”.
La niña nació sana y hoy es el centro de su universo. Cada tanto saca sus discos de vinilo y se los hace escuchar. “El sonido estereofónico de los discos le encanta, la entretiene. Ella es mi faro, ella es mi motor”.
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Imagen principal: Ana llevaba un mes sin consumir cuando se enteró que estaba embarazada. (Ruido)
Esta nota es parte del trabajo conjunto de los medios Ruido (Argentina), Repórter Brasil, Plaza Pública (Guatemala), Contratopedia Caribe (Colombia), Tierra de Nadie (Ecuador) y POPlab (México), con el apoyo de Chequeado, unidos en un consorcio regional que busca sacar a luz datos e historias invisibilizadas en estos países.
Autora: Natalia Lazzarini
