El consumo de drogas durante el embarazo no era un tema visible en los medios de comunicación. Salvo algunas publicaciones aisladas, no existía un informe que abordara la problemática en profundidad hasta que, en septiembre del 2024, Ruido publicó la investigación “Bebés de las Drogas”, con datos epidemiológicos de tres provincias, testimonios de mujeres consumidoras y de agentes de salud de Buenos Aires, Córdoba y Santa Fe.
A partir de ese momento, el tema comenzó a figurar en la agenda pública y cobró un nuevo impulso para la actualización de guías destinadas a los equipos de salud. Sociedades científicas advirtieron sobre los efectos del consumo de sustancias en los recién nacidos y en algunas provincias se realizaron capacitaciones sobre cómo abordar esta problemática.
Pese a estos avances, especialistas advirtieron que todavía falta un criterio estandarizado que unifique pautas para todas las provincias. Desde qué método de diagnóstico utilizar para la pesquisa hasta qué recomendación hacer respecto a la lactancia, todas estas cuestiones deberían ser consignadas en guías provinciales y capacitaciones a los agentes de salud.
“El tema del consumo durante el embarazo permaneció invisibilizado durante mucho tiempo. En las provincias no existen pautas claras sobre cómo actuar frente a estos casos y se aborda el problema partiendo siempre desde dos extremos. Por un lado, se salen a pesquisar casos con una mirada punitivista o detectivesca. Por el contrario, con una visión atravesada por la ideología, se tiende a sobre-victimizar a la mujer y se pierden de vista los derechos vulnerados de los niños y las niñas que nacen expuestos a esas drogas”, explicó Gabriela Richard, presidenta de la Fundación ProSalud.
La advertencia de sociedades científicas
Al mes siguiente de la publicación del informe de Ruido, que tuvo amplia repercusión en medios nacionales, la Sociedad Argentina de Pediatría (SAP) advirtió que advierte sobre el impacto de las sustancias psicoactivas durante el embarazo y la lactancia.
“Desde el momento inicial de la gestación todo tipo de sustancias psicoactivas tanto sintéticas como naturales (alcohol, marihuana, cocaína, éxtasis, ácido lisérgico etc.) afectan el desarrollo de los bebés. Entre los más afectados se encuentra el sistema nervioso central, cardiovascular, renal y cutáneo”, advirtió la SAP.
La organización que nuclea a pediatras del país solicitó a los efectores de salud que implementen medidas urgentes para mitigar los riesgos “prevenibles y evitables” del consumo durante el embarazo: “No existen dosis seguras dentro de las sustancias psicoactivas y esto puede ser desencadenante de complicaciones obstétricas y fetales, como abortos, partos prematuros, eclampsia y retardo de crecimiento intrauterino, entre otras”.
La SAP recomendó pesquisar la presencia de sustancias en orina o sangre de la persona gestante y del recién nacido. El objetivo es brindar atención para minimizar los riesgos en un corto o largo plazo. Recomendó en estos casos suspender la lactancia.
En tanto, en Córdoba, el legislador Rodrigo Agrelo (Encuentro Vecinal Córdoba) realizó el 24 de septiembre de 2024 un pedido de informes en la Unicameral para que el Ministerio de Salud provincial informara sobre la cantidad total de mujeres embarazadas que fueron detectadas como consumidoras de sustancias en los últimos dos años.
El Ministerio respondió con cifras de los principales hospitales de referencia, y advirtió un aumento de casos, tanto en personas gestantes como en recién nacidos expuestos.

Mirá «Bebés de la droga»: la otra cara del narco
Una guía nacional actualizada
El gobierno del presidente Javier Milei actualizó –en noviembre del 2024– las guías de actuación para los equipos de salud que se enfrenten al cuidado de recién nacidos expuestos a drogas de abuso. Estos lineamientos creados durante la gestión del ministro de Salud de la Nación, Mario Lugones, actualizan las pautas establecidas en 2022.
Aunque ambos documentos se definen como complementarios, la versión actualizada establece criterios más concisos sobre cómo actuar en cada caso, según la sustancia consumida, y se centra en la atención clínica del recién nacido.
Prioriza el diagnóstico y tratamiento del Síndrome de Abstinencia Neonatal (SAN) y los Trastornos del Espectro Alcohólico Fetal (TEAF), al centrarse en las consecuencias que la exposición puede acarrear en los recién nacidos. Se utilizan ciertos criterios para valorar los casos de abstinencia, como la Escala de Finnegan, y cómo manejar farmacológicamente a bebés que nacen con esta condición.
Ambos documentos –el realizado durante la gestión del expresidente Alberto Fernández y el actual– priorizan el enfoque de derechos y la perspectiva de género.
Sin embargo, las guías de 2024 establecen pautas más claras sobre cómo y cuándo suspender la lactancia, dejando por sentado que la exposición a drogas de abuso continúa a través de la leche materna si la persona gestante no logra cortar con el consumo.
Un tema en vigencia
Este año, la problemática del consumo durante el embarazo cobró un nuevo impulso.
En agosto del 2025, la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad Nacional de Córdoba organizó un curso de posgrado dirigido a estudiantes, agentes de salud y medios de comunicación. Las jornadas reunieron a distintos especialistas, como el neurólogo infantil Ignacio Sfaello, quien enumeró las distintas consecuencias que puede traer en recién nacidos el consumo materno de drogas.
Un mes más tarde, la revista Anfibia lanzó el reportaje “Nacer con abstinencia”. El informe citó la investigación realizada por Ruido y puso el foco, una vez más, en este problema emergente de salud pública.
También en septiembre, la Asociación de Psiquiatras de la Provincia de Córdoba emitió un comunicado en el que advierte sobre el aumento de niños y niñas que nacen expuestos a sustancias psicoactivas y pidió medidas urgentes para paliar la situación.
En diálogo con Ruido, Mariela Roldán, presidenta de esa asociación, consideró que el tema debe ser abordado como una enfermedad, ya que el consumo de drogas impacta en la voluntad del individuo.
“Por más que quiera, la persona no puede dejar de consumir. Por eso los tratamientos son tan prolongados y pueden demandar mínimamente entre ocho y 10 meses. No sólo se necesita medicación y asistencia en salud mental, también se debe reeducar a ese cerebro”, agregó.
Roldán consideró que muchas mujeres dejan de consumir durante el embarazo debido a un mandato de género que las ubica en un lugar de cuidadoras. “Esta es una etapa de oro porque la mujer tiene algo muy poderoso. Un motivo muy fuerte para dejar de consumir”.
Sin embargo, hay grados de enfermedad más profundos que impiden realizar este corte. En estos casos es indispensable encontrar lugares donde las mujeres puedan estar protegidas.
Tanto Richard como Roldán consideraron que el abordaje debe evitar el estigma. Destacaron que las autoridades sanitarias de cada provincia deben establecer pautas más claras. Agregaron que la prevención debe hacerse en las escuelas y en las primeras consultas de parejas en edad fértil.
Autora: Natalia Lazzarini
