- El Gobierno nacional licitó la puesta en órbita del satélite desarrollado por la CONAE por un valor de US$ 26,5 millones. El lanzamiento sería entre abril y mayo de 2027.
- Servirá para estudiar la salud del océano, aportar información para la producción pesquera y combatir la pesca ilegal.
- Orbitará la Tierra a 702 kilómetros de altura. Pesa 650 kilos y lleva cámaras ópticas muy sensibles para analizar el color del mar y detectar luces durante la noche.
Argentina pondrá en órbita un nuevo satélite en 2027. Se trata de SABIA-Mar (Satélite de Aplicaciones Basadas en la Información Ambiental del Mar) desarrollado por la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (CONAE) dependiente de la Secretaría de Ciencia y Tecnología de la Nación.
El Gobierno nacional ya licitó el servicio de lanzamiento y, según la CONAE, pronto se realizará el pago.
Se trata del séptimo satélite científico de la Conae. El último fue el Saocom 1B, lanzado en 2020. Además, el organismo cuenta entre sus éxitos al proyecto Atenea, que en 2026 acompañó a la misión Artemis II de la NASA hasta la Luna.
SABIA-Mar será un “ojo” que observará al detalle el Mar Argentino desde más de 700 kilómetros de altura. El objetivo es ayudar a la industria pesquera, detectar embarcaciones ilegales y estudiar la salud del mar.
Ahora se encuentra en Bariloche en las instalaciones de la empresa INVAP, principal contratista, para los últimos ensayos. Allí se lo someterá a condiciones extremas de temperatura, vibraciones y vacío para imitar lo que sufrirá durante el lanzamiento y su órbita.
Diez años de desarrollo y una cuenta regresiva
El Gobierno nacional publicó la licitación para contratar el servicio de lanzamiento. El costo, según el pliego, es de US$ 26,5 millones de dólares y fija una ventana de lanzamiento entre enero y octubre de 2027.
Martín Álvarez, jefe del proyecto de la misión estimó que se podría lanzar entre abril y mayo del próximo año, aunque puede postergarse. “Teníamos incertidumbre. Ahora tendremos mucho estrés porque quedan 9 meses. Venimos trabajando en esta misión desde hace 10 años. Nunca dejamos de avanzar en el proyecto dentro de un contexto complejo”, aseguró a Ruido.

Los anteriores satélites de la Conae (Saocom 1A y 1B) fueron lanzados con el cohete Falcon 9 de la empresa SpaceX.
Una vez en órbita, el satélite será operado desde el Centro Espacial Teófilo Tabanera de la Conae, ubicado en Falda de Cañete (Córdoba). Allí también tiene sede VENG S.A., empresa estatal responsable de ingeniería, soporte técnico y futuras operaciones de telecomando de la misión.
Cómo es el nuevo satélite de la CONAE
SABIA-Mar orbitará la Tierra a 702 kilómetros de altura. La órbita heliosincrónica le permitirá dar una vuelta al planeta cada 99 minutos, ya que viajará a 27 mil kilómetros por hora. Pesa 650 kilos y mide 9 metros de longitud con sus paneles solares desplegados. Su vida útil es de 5 años.

Los instrumentos principales son dos cámaras ópticas que pueden captar imágenes en el rango de la luz visible para el ojo humano y también en el espectro infrarrojo. Cada píxel de la imagen representa un cuadrado de la superficie del mar de entre 200 a 800 metros de lado, según la configuración.
Emilia Martini, jefa de proyecto de Sabia-Mar por INVAP, asegura que el desarrollo de este satélite presentó varios hitos tecnológicos de alta complejidad. “El diseño, fabricación, puesta en marcha y ensayos de las dos cámaras principales de la misión fue uno de ellos. Al no existir opciones equivalentes en la industria global, se desarrollaron como soluciones a medida según los requerimientos específicos de Conae”, comenta.
Y también destaca que se modernizó la plataforma con el diseño de una nueva computadora de abordo y la optimización de procesos: La creación de un sistema programable de testing automático que permite realizar los ensayos de manera mucho más eficiente y ágil.
“SABIA-Mar se destaca por sus instrumentos ópticos. Es realmente la primera vez que nos enfrentamos a un desafío con esta tecnología. Fue un trabajo largo y costoso de Conae e Invap. Logramos cámaras con buenas características técnicas para su tamaño. Esto es muy eficiente a la hora de poner carga útil en el satélite”, sostuvo Álvarez.
Qué información aportará el satélite SABIA-Mar
SABIA-Mar servirá para estudiar el océano, aportar información para la producción pesquera y combatir la pesca ilegal en el Mar Argentino.
- Vigilancia marítima. Podrá identificar buques “no cooperativos”, es decir, aquellos que operan sin transmitir su señal de identificación (AIS) para intentar pasar desapercibidos. Para ello utilizará una cámara de alta sensibilidad que detecta luces en el mar durante la noche.
- Gestión ambiental. Permitirá la detección temprana de floraciones algales nocivas, conocidas como “marea roja”, y evaluará la calidad del agua en costas y estuarios.
- Producción pesquera. Brindará información sobre la productividad primaria y la biodiversidad, lo que ayudará a realizar una gestión sostenible de este recursos.
“También se incorporó un sistema capaz de geolocalizar barcos de manera autónoma mediante señales de radar. Esto permitirá detectar en el Mar Argentino tanto buques cooperativos (que reportan su posición) como no cooperativos (pesca ilegal o embarcaciones sin declarar)”, agrega Martini.
Cómo se monitorea el mar desde el espacio
El objetivo de los instrumentos del satélite es la medición del “color del mar”, un dato científico clave para entender la salud de los océanos.
“Sabemos que si el mar aumenta su coloración verde es por la presencia de clorofila que tiene el fitoplancton. Y la presencia de fitoplancton es un indicador indirecto de la presencia de peces que se alimentan de esos pequeños organismos”, explicó a Ruido Carolina Tauro, investigadora principal de la misión.

También medirá la turbidez del agua. “Cuando el agua está clara, el satélite detecta más azul y menos marrón. Pero no es que tome una foto a colores. Son datos cuantificables de cuánta radiación refleja el mar en el espectro azul, verde y marrón en cada píxel. Con esta información y datos en el terreno, se pueden crear modelos para determinar la calidad del agua, una variable que también afecta a la actividad pesquera”, manifestó Tauro.
Y agregó que con los datos satelitales también se pueden generar alertas tempranas de eventos anómalos como floraciones de algas y “mareas rojas”, fenómenos nocivos que afectan la biodiversidad y la acuicultura.
El satélite también puede monitorear estas variables en grandes cuerpos de agua interior, como lagos y lagunas.
“A diferencia de las cámaras comerciales que capturan solo lo que el ojo humano puede ver, la potencia de las cámaras espaciales radica en su capacidad de captar información invisible”, comenta Martini.
Por que el proyecto tiene un valor estratégico
Argentina tiene más de 6,6 millones de kilómetros cuadrados de mar, si se incluyen el mar territorial, la zona económica exclusiva y la plataforma continental más allá de las 200 millas náuticas.
“Tenemos un mar inmenso y es muy difícil estudiarlo y monitorearlo desde el terreno. Se necesita mucho presupuesto y mucha logística. Es mucho menos costoso monitorearlo con un satélite”, explicó Tauro.
Además, agrega que tener un satélite propio da autonomía. “Es una ventaja estratégica enorme porque no dependemos de la información que proveen satélites de otros países que muchas veces no nos sirve porque no fueron diseñados para las necesidades y características de nuestro país”, analizó la investigadora.
Tauro detalla que SABIA-Mar observará todos los mares del mundo, no sólo el de Argentina. Todos los datos se descargan, se procesan y los distribuye Conae. “Con esa información nosotros podemos darle valor agregado para generar estas alertas o preparar productos a pedido de organismos nacionales, pero también empresas o instituciones de otros países”, comenta.
Otro punto destacado en cuanto a soberanía es que esta misión incorporará por primera vez una especie de GPS espacial de fabricación nacional. Este receptor es fundamental para la navegación y localización precisa del satélite en su órbita. Fue desarrollado por el grupo de Sistemas Electrónicos de Navegación y Telecomunicaciones (SENyT) de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP).
Para Martini esta misión consolida la posición de Argentina en el selecto grupo de naciones con capacidad espacial completa. “Esto genera un círculo virtuoso: capitalizar un conocimiento técnico de frontera no solo nos brinda autonomía tecnológica, sino que abre la exportación de servicios y productos de altísimo valor agregado”, señala.
Y agrega: “La tecnología espacial actúa como un catalizador de innovación. Muchos de los desarrollos para el espacio luego se transfieren a la medicina, la energía o el agro. Además, tracciona y fortalece a una red de pymes tecnológicas locales, universidades y centros de investigación, generando empleo calificado”.
Además, el satélite contará con mecanismos de encriptación y autenticación en su canal de comandos para proteger el software de vuelo y evitar posibles ataques externos a su operación.
